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La limpieza inicial y el poder de lo intangible

La limpieza inicial es una de las actividades mas relevantes para dar inicio a varios de los pilares de la excelencia en especial el pilar de mantenimiento autónomo y se fundamenta en que la limpieza es la mejor manera de remover la contaminación acumulada así que al remover esta contaminación es posible realizar una mejor inspección detallada del equipo, lo que abre las puertas al reporte de estas anomalías que poco a poco ayudan a devolver la condición inicial de la máquina con ello su confiabilidad y otras mejoras a nivel de calidad y desempeño del equipo.



Pero la realidad es que durante esta actividad inicial de limpieza en que se involucran todos los niveles de la organización y en la que se requiere enfrentar a veces un alto grado de incomodidad, suciedad por supuesto y esfuerzo físico, permite lograr un efecto que va mucho más allá de lo puramente metodológico.


Los japoneses siempre han dado significancia a lo que no es visible debido a su conexión profunda con el budismo zen y otras tradiciones filosóficas fomentando en sus practicantes ver más allá de lo superficial y reconocer las sutiles energías que no perciben los sentidos y permiten apreciar las historias ocultas detrás de lo que no vemos; la ceremonia del té, la meditación Zazen y el concepto del KI (energía vital) representan esos conceptos en la vida diaria.


Lo que quiero exponer es que durante la limpieza inicial no solo buscamos un efecto físico de limpieza y aprendizaje del equipo sino sobre despertar todo aquello que no es perceptible y aunque intangible es mucho más poderoso y de largo plazo.


Tuve la oportunidad de hacer esta limpieza recientemente con el equipo de Smurfit Kappa en San Antonio Texas como parte de su proceso de excelencia SKOPE, más de 30 personas de diferentes áreas y niveles se pusieron en la tarea de acompañar la actividad, durante 4 horas estuvimos con las botas y los guantes puestos removiendo suciedad acumulada del equipo, limpiando, aspirando, raspando y lavando, pero lo que sucedía durante esas horas y lo verdaderamente clave es lo que normalmente no reconocemos y es allí en medio de la limpieza las diferencias jerárquicas desaparecen, el objetivo es común para todos, el mecánico y técnico disfrutan compartir su conocimiento, quienes son ajenos a la máquina despiertan su curiosidad hacia lo técnico, se respira una conexión con el trabajo común y la importancia de devolver a la tripulación de la máquina el protagonismo que siempre ha merecido.



Limpiar fué una buena excusa para conocernos, dar importancia al trabajo de quienes en realidad agregan valor al proceso, ser empáticos con el trabajo del otro a veces puramente mecánico y físicamente desgastante, reconocer el efecto de volver a lo básico y tal vez al mejor estilo zen practicar hacer una sola cosa a la vez (limpiar) lo cual cada vez hacemos menos en un mundo multi tarea.


La limpieza inicial crea una atmosfera de trabajo en equipo y conexión con quienes operan los equipos difícilmente alcanzable con cualquier otra actividad o taller solo por una razón; porque ellos durante la limpieza están jugando de local en un entorno que les es familiar y donde pueden liderar naturalmente por su conocimiento, recuerdo con agrado a John Trevino uno de los operadores de máquina indicándome exactamente donde debía limpiar y la importancia que tenía ese componente para el buen funcionamiento de su línea.


Volviendo a la filosofía japonesa hay elementos durante la limpieza inicial que reflejan el MU (representación del vacío) y que nos invitan a reconocer que el mundo se extiende más allá de lo que percibimos, un espacio donde reconocemos los aspectos intangibles que nos permiten un entendimiento más profundo de la realidad.


Como aprendí de un sensei hace algunos años "solo lo intangible produce resultados tangibles"

 
 
 

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18 mar
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