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Aprender y desaprender con IA: ¿Obsolescencia o nuevas competencias?

El avance de la inteligencia artificial nos plantea un dilema profundo en el entorno profesional. Más allá de la tecnología, el verdadero desafío radica en las personas, es por esto que he querido abordar este tema a través de 4 preguntas que resumen este desafío sobre el futuro de la educación, las empresas y nuestra identidad profesional.


¿Cómo pasamos de una mentalidad de "estudiar para un cargo fijo" a desarrollar la agilidad de aprender, desaprender y reinventarnos continuamente?


Ya en 1970, el futurólogo Alvin Toffler nos advertía que los analfabetos del siglo XXI no serían quienes no supieran leer y escribir, sino quienes no supieran aprender, desaprender y volver a aprender. Hoy, esa premisa es nuestra realidad.


Según datos de ManpowerGroup, aunque se proyecta la pérdida de 92 millones de empleos, se crearán 170 millones de nuevas oportunidades, la clave de esta transición no está en la desaparición del trabajo, sino en la brecha de habilidades, ya que un 22% de la fuerza laboral se moverá hacia roles completamente nuevos.


A nivel global, la preocupación por el desplazamiento laboral convive con una paradoja: mientras el talento tradicional se reconfigura, el 74% de los empleadores asegura no encontrar los candidatos correctos, vivimos el nacimiento de posiciones que antes eran impensables, como Ingenieros y Científicos de Datos, AI Product Owners, Arquitectos de Agentes IA, Diseñadores de Flujos de Agentes (Agent Workflow Designers) y Especialistas en Datos que es hacia donde tendremos que movernos en los próximos años o ¿meses?.


La pregunta central hoy ya no es ¿cúando ni dónde estudiaste?, sino ¿qué y cómo estás estudiando? Pues la habilidad más crítica a nivel individual es el aprendizaje permanente o learning agility, mientras que para las organizaciones el reto consistirá en diseñar bucles (loops) de aprendizaje constantes que sistematicen el conocimiento y eleven la corporación a otro nivel en cada ciclo.



¿Qué es lo primero que las organizaciones deben "desaprender"?


Las empresas deben desaprender la falsa creencia de que las cosas deben hacerse como siempre se han hecho. Las estructuras rígidas, los procesos lineales y las jerarquías tradicionales están llamadas a modificarse o desaparecer a medida que el mercado impone nuevos desafíos. Hoy sabemos que muchas de las soluciones actuales no se encuentran dentro de las habilidades estáticas de los empleados que tienen las organizaciones en la actualidad, o los contratas o los entrenas.


Para capitalizar el verdadero poder de la IA, las organizaciones necesitan procesos claros, información estructurada, reglas definidas, documentación y trazabilidad. Lamentablemente, la realidad de muchas compañías es la información dispersa y las reglas ambiguas. Implementar IA en un entorno así no soluciona el problema; solo acelera el caos.


Las empresas deben desaprender su dependencia de ese "caos organizado" que solo unos cuantos expertos tienen en la cabeza, de lo contrario, automatizar o delegar tareas será imposible.


A futuro, todas las empresas serán empresas de software por que estarán basadas en decisiones y flujos automáticos, pero para llegar allí, requieren estructura, contexto y personas preparadas no para ejecutar la repetición, sino para ordenar, aprobar, diseñar, validar, supervisar y coordinar sistemas dinámicos a través de IA y programas de agentes.


¿Cuáles son entonces esas habilidades netamente humanas que los nuevos profesionales deben potenciar?


El reto actual no es únicamente saber de IA, sino tener la capacidad de integrar diferentes sistemas de forma coherente y con un criterio sólido. Mientras que a la inteligencia artificial le valoramos la velocidad, la precisión y el cumplimiento normativo, al ser humano le exigimos y valoramos cualidades insustituibles: la ética, la colaboración, la empatía, el pensamiento creativo, la resolución de problemas complejos, el análisis crítico y la influencia social.


El valor real en las organizaciones reside en el conocimiento no escrito, el juicio, las relaciones humanas y la capacidad de reconocer patrones complejos. Como profesionales y particularmente en ramas como la ingeniería, donde históricamente se ha descuidado el desarrollo de la inteligencia emocional, debemos recordar una máxima empresarial: "The soft stuff is the hard stuff" (lo blando es lo verdaderamente difícil).


El futuro no pertenece a quien repite, sino a quien tiene el criterio para cuestionar, decidir y rediseñar el trabajo a través de habilidades blandas.


De acuerdo con el Foro Económico Mundial en su informe The Future of Jobs del 2025, las competencias centrales más demandadas reflejan esta tendencia, destacando el pensamiento analítico (69%), la resiliencia y flexibilidad (67%), el liderazgo (61%) y el pensamiento creativo (57%) como pilares del talento del futuro.



¿Cómo debe prepararse un profesional para asumir el rol de "jefe de sus propios agentes"?


El cuello de botella actual ya no es "hacer", sino organizar, supervisar y decidir. Debemos migrar hacia un modelo de menos repetición y más diseño, entendiendo el flujo lógico: de los datos a los procesos, de los procesos a los agentes, y de los agentes a las validaciones humanas.


Empresas de vanguardia como McKinsey ya están contratando miles de agentes de IA, proyectando una relación futura de uno a uno (un agente por cada consultor).


Hemos evolucionado del simple chatbot conversacional hacia una IA agentica y física. Esto configura espacios de trabajo híbridos donde los agentes apoyan a los humanos, otros agentes coordinan tareas entre sí, y las personas supervisan las decisiones críticas. Por lo tanto, saber delegar de manera efectiva y convertirse en un "gerente de herramientas de IA" es una competencia indispensable.


Un puesto de trabajo no es una tarea aislada, sino la interconexión de múltiples actividades. La IA suele reemplazar un porcentaje de las tareas, no la totalidad del oficio por eso el rol del profesional del futuro es reinventar su propio cargo, liberando tiempo de la operación técnica para reajustar sus esfuerzos hacia actividades de mayor valor estratégico e innovación, debemos desarrollar nuestro cargo con IA para idear soluciones que antes eran imposibles, emulando la célebre pregunta de selección de Jeff Bezos durante los procesos de selección de nuevos talentos: ¿Cuál fue la última cosa que usted inventó? La IA está para optimizar la eficiencia y el costo, pero el talento humano está para repensar la organización.


El avance tecnológico nos obliga a evaluar el nivel de fluidez en IA (AI fluency) dentro de nuestros equipos y realizar diagnósticos específicos por cada rol. La métrica de evaluación está cambiando: ya no nos enfocamos en quién hace físicamente el trabajo, sino en qué tan bien estructurado y ejecutado está, y en la capacidad del profesional para generar flujo y un impacto real en el negocio a través de su ecosistema de agentes.


Al final del día, la pregunta más profunda y personal que debemos respondernos es de carácter identitario: ¿quien soy en épocas de IA? Si mi trabajo actual es fácilmente automatizable, ¿cuánto tiempo me puedo permitir seguir sin actuar?


La respuesta requiere adoptar lo que la psicóloga de Stanford Carol Dweck denomina una mentalidad de crecimiento: la convicción profunda de que nuestras cualidades y habilidades básicas no son fijas, sino que se pueden cultivar, expandir y transformar mediante el esfuerzo, el aprendizaje continuo y el coraje de desaprender.


Bienvenidos a esta nueva era de aprendizaje y desaprendizaje.

 
 
 

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